16/3/2005 

La esquizofrenia es un trastorno mental crónico y grave complejo en el que existe una desconexión con la realidad, al menos parcial, es decir, se produce un proceso psicótico.

Es una de las enfermedades mentales más debilitantes y desconcertantes. La percepción puede distorsionarse más allá de la realidad, haciendo que la persona oiga o vea cosas que en realidad no existen.

Su incidencia, similar en todos los países, es de aproximadamente el 1% de la población mundial. Es una de las enfermedades que produce mayor temor y rechazo social, derivado del recuerdo colectivo del trato denigrante y marginal que hace unos escasos 15 ó 20 años se les daba a estos enfermos.

Una persona con este diagnóstico, por lo general, muestra un pensamiento desorganizado, delirios, alucinaciones, alteraciones afectivas en el ánimo y las emociones, del lenguaje y conductuales.

Con frecuencia pueden aparecer trastornos caracterizados por la distorsión de la percepción (ilusiones o alucinaciones), pensamientos alterados en contenido y curso (delirios, megalomanía, enlentecimiento de pensamientos, ideas bizarras) y emociones apagadas o inadecuadas al contexto (cambios bruscos del ánimo, embotamiento afectivo, aislamiento o desconexión con lo que le rodea).

En algunos casos el paciente puede llegar a creer que sus pensamientos y actos más íntimos son conocidos por los demás, que es el centro de todo lo que ocurre lo que le hace sentirse 'invadido'.

La enfermedad suele debutar con un brote durante la adolescencia o en las primeras fases de la vida adulta. Padecer la enfermedad implica una profunda modificación de la vida de la persona enferma y de sus familiares y entorno dado que es una enfermedad de curso prolongado que requiere atención continua.

No se conocen con exactitud las causas de la esquizofrenia.

La predisposición genética parece ser un factor relevante.

Las últimas investigaciones apuntan entre los factores ambientales alguna alteración química del cerebro, infecciones por virus, complicaciones en el parto o alteraciones en la forma y el funcionamiento del cerebro como posibles causas también.

El tratamiento farmacológico con antipsicóticos es indispensable para paliar y controlar los síntomas, aunque el tratamiento no se debe reducir exclusivamente a su empleo.

La psicoterapia es fundamental especialmente en el proceso de rehabilitación. Se emplean distintas técnicas como la rehabilitación neuropsicológica; terapia cognitiva para que el paciente aprenda a conocerse; terapia para el desarrollo de las habilidades sociales; entrenamiento para la vida autónoma; psicomotricidad; grupos psicoeducativos para pacientes y familiares; rehabilitación laboral; entre otras.

Gracias a ello puede llegar a llevar una vida prácticamente normal hasta la casi total recuperación. De este modo también puede darse cuenta de cuándo se acerca una crisis y comunicárselo a los familiares y terapeutas. Esta parte del tratamiento también es fundamental para evitar que el enfermo abandone la medicación, lo cual es muy importante en la evolución del paciente. En este sentido, es preciso que el paciente asuma que se encuentra bien gracias a los fármacos.

Si la enfermedad es diagnosticada precozmente y tratada, y se trabaja adecuadamente con el paciente y con la familia, hay muy buenas chances de que los pacientes lleven una vida normal o casi normal.

En general, el tratamiento es sostenido en el tiempo, ya que de esta manera se obtienen los mejores resultados.

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