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3/3/2020 

Acúfenos o tinnitus en la niñez, la molestia de los “ruidos imaginarios”. Sindrome de Ménière, provoca episodios de vértigo y mareos, además de reducir la capacidad auditiva. 


Ciudad de Buenos Aires (Argentina).- El Día Mundial de la Audición se celebra el 3 de marzo de cada año para crear conciencia sobre cómo prevenir la sordera y la pérdida de la audición y promover la audición y el cuidado auditivo en todo el mundo.

Según la Organización Mundial de la Salud en la actualidad hay más de 466 millones de personas con pérdida de audición discapacitante y se estima que para 2050 que el 10% de la población global sufra pérdida de la audición.
 
Los niños que lo padecen suelen creer que el ruido de sus oídos es algo normal y tienen dificultades para describirlo. Sin embargo, identificar el problema y tratarlo lo antes posible es de extrema importancia. Los niños raramente se quejan o hablan de ello, cuando oyen los molestos ruidos del tinnitus.
 
Igual que para el adulto, el acúfeno puede exacerbarse en la niñez al estar bajo condiciones de stress o debido a trastornos emocionales por situaciones conflictivas familiares o escolares.
 
Si bien muchos niños experimentan acúfenos en sus oídos, la mayoría no se queja de sentirlos porque lo internalizan como una experiencia de la vida diaria. “Muchas veces lo que sucede es que los chicos no le cuentan de esta molestia a sus padres porque  no les gusta que el adulto piense que escuchan ruidos imaginarios. Es por eso que es muy importante permitirle a los niños hablar de las cosas que los perturban”, explica Susana Domínguez, fonoaudióloga de INEBA
 
Los chicos describen los acúfenos como pasos de personas que caminan detrás de ellos, el sonido de alguien bailando cerca o el sonar de un tambor. “Incluso a veces pueden llegar a compararlos con un monstruo amigo”, agrega la especialista.
 
Debido a esto, los niños no suelen quejarse de sus acúfenos y si lo hacen, es muy importante considerar seriamente su perturbación.
 
“Muchos profesionales no se sienten seguros en manejar niños con acúfenos porque piensan que hablar con ellos sobre su problema podría aumentar la magnitud del mismo y esto no es así. El secreto es justamente animar a los niños a describir este sonido y escuchar lo que ellos dicen del mismo y cómo se sienten. Los niños son poco capaces de asociar el acúfeno a eventos internos o a su estado de ánimo por lo que debemos prestarles mucha atención”, agrega Domínguez.
 
“La palabra acúfeno puede ser nueva para el niño por lo que lo primero que se debe saber es cómo llaman a ese “ruidito” que siente en el oído y si no tiene nombre lo invitamos a ponérselo. Los niños desarrollan habilidades imaginativas que podemos usar como guarniciones en el desarrollo de estrategias que serán muy significativas y útiles para ellos en la mejora en la reducción o eliminación del acufeno”, sostiene la oftalmóloga.
 
Otro punto importante a destacar es cuando padres y niños llegan a la consulta sus intereses obviamente no son los mismos. Mientras que a los padres les preocupa saber si el acúfeno es el resultado de un tumor cerebral o de una actividad cerebral anormal, para el niño lo único que quiere saber es cómo detenerlo para que no lo asuste o moleste más a la noche o en la escuela.
 
Las historias familiares sobre las enfermedades en general, la falta de audición, la incapacidad y la hospitalización brindan datos sobre cómo encarar el tratamiento en ese entorno familiar.
 
“Si la familia cree que el acúfeno es muy importante para ese niño esto afectará las interacciones entre ambos e influenciará en las creencias que ese niño experimente. Cuando los padres ven el problema como parte integral de ellos mismos es difícil cambiar su manera de pensar o creer que las cosas serán diferentes. Hay que enseñarles a padres y niños a externalizar el problema y verlo como algo separado de su persona pudiendo así reducir o minimizar los pensamientos negativos e ideas inapropiadas”, dice la especialista de INEBA.
 
Para un mejor modo de abordar la problemática es importante conocer los miedos y quejas que el niño tenga y los factores de stress que lo modulan con el fin de gestionar un tratamiento estratégico. “La incorporación del acúfeno a historias agradables y placenteras serán el camino más rápido y sencillo en el tratamiento pediátrico”, concluye Domínguez.
 
- Sindrome de Ménière
 
Una de las causas de este déficit auditivo es el Sindrome de Ménière, un trastorno en el oído interno que provoca episodios de vértigo y mareos, además de reducir la capacidad auditiva.
 
“Esta patología suele afectar un solo oído y puede manifestarse a cualquier edad, aunque suele darse al comienzo de la etapa adulta o a mediana edad, entre los 40 y 60 años. Es considerada una enfermedad crónica aunque existen diversos tratamientos que alivian sus síntomas y reducen el impacto de la misma en la vida de quien la padece”, explica el Dr. Sergio Carmona, Jefe del Departamento de Neuro-otología de INEBA.
 
El especialista agrega: “Si bien fue descrita por Prosper Ménière en el año 1861 con los síntomas que conocemos ahora como acúfenos (zumbido en el oído afectado), disminución de la audición y episodios de vértigo que duran de minutos a horas; como en el caso de muchas otras enfermedades no sabemos exactamente qué la causa. Lo que sí sabemos es que el oído interno retiene líquido - lo que se conoce como hydrops - y esto puede derivar en este sindrome”.
 
Síntomas y signos que pueden dar indicios al paciente de sufrir esta enfermedad
 
- Disminución de la audición: al comienzo puede ser un síntoma que aparezca y desaparezca para luego generar una pérdida permanente.
- Vértigo: episodios que se presentan de manera espontánea por los cuales uno siente que gira, los cuales pueden durar de 20 minutos a varias horas.
- Acúfenos: sensación de escuchar silbidos o zumbidos en el oído.
- Sensación de tener el oído tapado: por presión o congestión auditiva en el órgano afectado.
 
Consulta y tratamiento
 
“Esta enfermedad es el modelo de enfermedad neuro-otológica porque afecta a la audición con secuelas que pueden ser devastadoras, produciendo vértigo en forma inesperada y, en algunos casos, caídas abruptas que pueden dañar otras partes del cuerpo del paciente”, opina Carmona.
 
Para diagnosticar y tratar esta patología, lo que se recomienda es consultar con un  neuro-otólogo, un especialista dentro del campo de la Neurología que estudia el funcionamiento normal y los trastornos del equilibrio y que tiene una comprensión profunda de la enfermedad y puede guiar al paciente por sus distintas etapas.
 
“Es importante destacar que hoy hay tratamientos eficaces que comienzan con pasos sencillos como son realizar una dieta con poca sal para evitar la retención de líquidos, tener una buena hidratación y tomar medicación - betahistina -  en dosis adecuadas. Con esta combinación de factores se logra un control del 70% de los cuadros”, resalta Carmona.
 
De no resultar este tratamiento, hay otras alternativas. Se pueden utilizar métodos transtimpánicos - que constan de colocar una droga en el oído a través del tímpano mediante un procedimiento simple, no lesivo, que se hace en consultorio - y que logra un control del 90%.
 
Solo en casos muy extremos una persona puede precisar un tratamiento quirúrgico, aunque una de las principales complicaciones que acarrea este sindrome es el trastorno de ansiedad que puede generar en el paciente, que de forma súbita sufre vértigos y caídas que impactan en su calidad y ritmo de vida.
 
“Un diagnóstico precoz y un tratamiento eficaz previenen esta situación y le permiten a las personas que sufren esta enfermedad hacer una vida completamente normal”, concluye el neuro-otológo de INEBA.



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