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21/10/2013 

Por el Dr. Sergio Zimmer.  


La paciencia es una virtud fundamental que debemos cultivar cada día si queremos mantener el eje ante las circunstancias difíciles. Se logra con disciplina y solo su práctica la convertirá en un hábito.

¿Cuántas veces decimos palabras hirientes sin pensar en el daño que causamos? o ¿Cuántas veces descargamos nuestra frustración y negatividad en los otros? o ¿Cuántas veces reaccionamos violentamente en lugar de responder con serenidad?

Luego de perdido el control nos invade la culpa por haber sido tan impulsivos y lastimar a quienes nos rodean. Generamos un círculo vicioso de malestar, intolerancia y falta de armonía que repercute en nuestra salud física y mental.

Conservar la calma no significa ser pasivos sino observar las situaciones desde un punto de vista diferente que nos permita elegir palabras y acciones adecuadas. Desde esta calma nuestras acciones serán totalmente conscientes.

Debemos recordar que todo lo que damos, vuelve y que la energía negativa que descargamos en otros, puede destruirnos. Para emanar energía positiva, primero debemos sentirnos en armonía. Practicar la calma reduce el estrés, la ansiedad y mejora la empatía.

Claves para calmarnos

1- Observar nuestra manera de pensar. Dejemos de lado la descalificación, la crítica, el enojo y la falta de tolerancia. Cuando algo nos altera, respiremos, contemos hasta diez y actuemos desde ese estado de quietud

2- Frenar el impulso de controlar todo. Evitando generar discusiones interminables y relaciones conflictivas. Para desarrollar la paciencia, aceptemos que nuestro punto de vista es sólo una parte de la realidad. Seamos humildes y pidamos perdón cuando cometemos errores

3- Identificar situaciones que alteran nuestra paciencia. Para cambiar nuestras reacciones

4- Tener perspectivas reales. La impaciencia puede ser el resultado de expectativas no cumplidas. En la vida hay muchas circunstancias que están fuera de nuestro control

5- Hacer foco en lo importante. No perdamos energía en discusiones sin sentido. El diálogo tolerante es muy necesario. Acordar es grato y saludable

La perseverancia en estas prácticas, nos hará superar las crisis y la ansiedad cotidiana. La paciencia la logramos si aprendemos a tolerar las pequeñas frustraciones

Siempre podemos elegir qué actitud adoptar: SOMOS LOS PROTAGONISTAS CONSCIENTES DE NUESTRA VIDA, NO REHENES DE NUESTRAS EMOCIONES. Debemos tener paciencia y esperar a que se pueda generar un cambio que nos guíe hacia la madurez. Los estallidos y la ansiedad sólo generan agresión.

Mantener una actitud paciente lleva a un camino de tranquilidad y buenas relaciones con los demás

Hasta nuestro próximo encuentro... 

Dr. Sergio Zimmer
Director
Editorial Revista Proyecto Salud
Año 4 Nº 41 - Octubre 2013



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