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Alarmante consumo de pastillas en jóvenes para dormir.
7/9/2012

El promedio de los que piden píldoras es de 30 años. En el país las toman 5 millones de personas. Y advierten que su abuso puede empeorar los trastornos del sueño.

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Ciudad de Buenos Aires (Argentina).- Hace un millón de cosas por día, tiene un nivel de ansiedad excesivo y el círculo en el que se mueve está viciado: llega la noche, no puede dormir, pasa horas “dándose manija”, empieza a tomar pastillas para combatir el insomnio y, de a poco, va creando una dependencia física y psicológica . Cuando quiere dejarlas, aparece el efecto rebote: más nervios y más insomnio . O porque con el tiempo generan adicción o porque aumentan los accidentes domésticos en los adultos mayores o porque tapan o empeoran otras patologías, neurólogos e investigadores en trastornos del sueño coinciden en que, muchas veces, las píldoras para dormir aparecen como una solución mágica pero terminan agravando el trastorno .

Quienes necesitan “empastillarse” para dormir son cada vez más jóvenes, pero además el consumo de estas píldoras se disparó. El año pasado se prescribieron en el país 3 millones de recetas de medicamentos para dormir: un 22% más que hace 5 años, según registros del Sindicato Argentino de Farmacéuticos y Bioquímicos (SAFYB). Por año se venden 28 millones de unidades, lo que supone una facturación de unos 1.120 millones de pesos por año. Y aquí el dato más impactante: 5 millones de argentinos consumen regularmente medicamentos para dormir (recetados y de venta libre), casi dos veces la población de la ciudad de Buenos Aires.

Es evidente que hay un uso abusivo de las benzodiacepinas –las marcas más conocidas son Valium y Alplax– y sus derivados, que son las píldoras más recetadas para dormir. El problema es que con el tiempo generan adicción , por eso los protocolos recomiendan no superar los tres meses de uso. Sin embargo, todos sabemos que hay mucha gente que las toma durante años”, señala Daniel Cardinali, investigador del Conicet y director de Investigación de la Facultad de Ciencias Médicas de la UCA. “La melatonina, en cambio, no tiene ese problema pero como tiene un efecto hipnótico más suave, que profundiza el sueño y mejora la calidad de la vigilia a lo largo de los días, no coincide con las expectativas de mucha gente. Hablo de quienes buscan algo que los deje secos en minutos”, agrega.

- Cuál es el riesgo de esa adicción

“Al tiempo, aparece la dependencia física . Un día la persona dice ‘las dejo’ pero la falta del fármaco genera un insomnio de rebote grave con mucho nerviosismo y termina convirtiéndose en la profecía autocumplida : si no las tomo no duermo y si las dejo, tampoco. Entonces no las dejo”, explica María Celia Daraio, neuróloga de la Fundación Favaloro y del Instituto Somnos. Los ansiolíticos terminan siendo, entonces, una causa frecuente de insomnio. Y como muchos las toman sin indicación médica y también intentan dejarlas sin supervisión médica, fracasan.

- Si el descenso no es progresivo, el insomnio vuelve

Además, a la larga, producen trastornos de memoria, aumentan el riesgo de caídas y estados confusionales en los mayores y, al poco tiempo de uso, producen tolerancia. Es decir, obligan a aumentar las dosis y el sueño se vuelve cada vez más fragmentado.

Otro problema habitual es que las píldoras terminen tapando otras patologías . “El ejemplo más claro es el de las apneas del sueño. Cuando alguien tiene apneas y se le receta un hipnótico para que descanse, las apneas empeoran”, explica Daniel Pérez Chada, director de la Clínica del Sueño del Hospital Austral. “Sucede que la apnea del sueño se caracteriza por pausas en la respiración producto de la relajación de los músculos de la garganta que sostienen otros tejidos. Los hipnóticos, a su vez, tienen un efecto miorrelajante. Entonces, esos músculos, que son proclives a tener poca fuerza, se relajan más y las apneas aumentan”.

Los especialistas coinciden en que los médicos de atención primaria no tienen suficiente formación para diagnosticar trastornos del sueño . Para eso, la Unidad de Medicina del Sueño de la Fundación Favaloro publicó información en su web para que otros médicos puedan atender correctamente los trastornos del sueño. Lo dice por allí: dormir y descansar tiene poco que ver con caer mágicamente en la cama. Y que la lógica de empastillarse está lejos de la búsqueda de un sueño saludable.

- Cada vez se duerme menos

En Argentina no hay estadísticas pero los especialistas los ven llegar, cada día, a sus consultorios. “Quienes vienen a la consulta son cada vez más jóvenes. Y llegan, sobre todo, por insomnio. El promedio está hoy alrededor de los 30 años, cuando antes el insomnio aparecía especialmente en los adultos mayores, las menopáusicas y los ancianos”, describe la neuróloga Celia Daraio. Y cita un relevamiento propio en el que detectó consumo de pastillas para dormir entre adolescentes: “Un 8% de los adolescentes que evaluamos refirió haber consumido alguna píldora, en algún momento, para ayudarlo a dormir. Esas son conductas que se copian de las familias”.

“Otros dos estudios mostraron que hace 25 años los problemas del sueño afectaban a las personas de entre 50 y 60 años pero que la tendencia se ha igualado en personas jóvenes y de edad avanzada”, agrega Daniel Pérez Chada.

Además, se sabe que cada vez dormimos menos: en los últimos 30 años, el tiempo de sueño se redujo entre dos y tres horas. Pero una siesta breve –25 a 30 minutos– reduce el riesgo de un ataque cardíaco, mejora la concentración y aporta un impulso de energía.

- Consejos

Dormir bien significa quedarse dormido antes de los 30 minutos de acostarse y dormir toda la noche de un tirón (para adultos, un mínimo de 7 horas). Para lograr un sueño saludable, el Instituto de Neurociencias de la Universidad Favaloro recomienda hacer lo siguiente:

Regularidad. Trate de mantener horarios regulares a la hora de acostarse y de levantarse, incluso durante los fines de semana o en los días festivos en los que no debe ir a trabajar.

Ejercicio. Caminar, nadar pausadamente, pasear en bicicleta o alguna otra actividad pausada durante el día, preferentemente al mediodía o a media tarde, ayuda a la relajación necesaria antes del sueño.

Menos estrés. Durante el día, en el lugar donde se encuentre, intente “interrumpir el estrés” con pequeñas pausas de unos diez minutos para respirar profundamente, meditar o realizar algún ejercicio de relajación o yoga.


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