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Arteriopatía periférica.

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Un mal subdiagnosticado.

Afección aterosclerótica de los vasos alejados del corazón, principalmente de las piernas, causa dos veces más muertes que el cáncer mamario y tiene casi la misma mortalidad que el cáncer intestinal.

Es una enfermedad que, en general, está mal interpretada y subdiagnosticada: es gravísima porque nos habla de un paciente globalmente enfermo. La mayoría son pacientes con aterosclerosis en las arterias que no son las centrales o del corazón.

Según aseguran los expertos, lo que más contribuye con su subdiagnóstico no es sólo que el conocimiento médico es relativamente bajo (una encuesta publicada en la revista JAMA reveló que apenas el 49% de los profesionales saben de qué se trata, comparado con un sorpresivo 83% de los pacientes), sino también que una de cada dos personas no tiene los síntomas más conocidos, como la sensación de debilidad y el dolor en las piernas que aparece al caminar y desaparece con el reposo (claudicación intermitente).

Los afectados suelen ser pacientes con más de un problema de salud. De hecho, los principales factores de riesgo de esta enfermedad son la diabetes, la hiperlipidemia (colesterol y triglicéridos elevados), la hipertensión y el tabaquismo. Y fumar es el más importante. Más del 80% de los pacientes con claudicación intermitente típica fuman más de 2 paquetes de cigarrillos por día. Es altísima la relación entre el tabaco y la EVP.

Además, la gravedad de los síntomas dependerá de la gravedad y la cantidad de arterias obstruidas, como también la de vasos disponibles para poder "compensar" esa reducción del flujo sanguíneo que genera la acumulación de placa en las paredes arteriales.

En general, estos pacientes no sufren una complicación porque algo migre y obstruya la circulación en un vaso o una arteria, sino porque cuando se accidenta la placa de ateroma, una fina capa de células (endotelio) que cubre la pared interna de la arteria queda expuesta a la sangre y las proteínas de coagulación. Esto dispara una cascada (de procesos) que hace que la sangre se coagule en el lugar de la lesión.

Entonces, en ese proceso natural para intentar cicatrizar la lesión, el cuerpo tapa la arteria periférica (ya sea de las piernas, como también la aorta abdominal, o las arterias que irrigan el intestino o los riñones, por ejemplo). Eso suele desencadenar la urgencia en estos pacientes; otros se deterioran crónicamente por las múltiples enfermedades concomitantes.

Se estima que cuando la EVP da síntomas, se multiplica cuatro veces la mortalidad por todas las causas y ocho veces la mortalidad cardiovascular. La EVP está asociada también con la aparición de un aneurisma (dilatación localizada de la pared de un vaso) e insuficiencia renal. Si miramos las estadísticas vitales de nuestro país, el 50% de los hombres y el 40% de las mujeres se mueren de problemas vasculares (ACV, isquemia en las piernas, enfermedad coronaria, aneurismas, insuficiencia renal secundaria, entre otros). Entonces, si la población comprendiera que tiene que dejar de fumar, hacer ejercicio y controlar el colesterol y la hipertensión, el impacto sería enorme.

Para diagnosticar la EVP se usan herramientas clínicas económicas y accesibles: la revisación general; un cuestionario breve para evaluar la dificultad al caminar o la claudicación, y el índice tobillo-brazo. En tanto, el tratamiento no se limita a un medicamento, sino a modificar hábitos: adelgazar y dejar de fumar, si hay que hacerlo, y caminar.

Es necesario, que caminen todo lo que puedan y lo más rápido posible hasta empezar a sentir dolor en las piernas. Entonces, descansar y volver a caminar. ¿Cuánto tiempo? Por lo menos 40 minutos, tres o cuatro veces por semana.


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