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Hipertensión arterial.

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- Un problema frecuente, y con importantes consecuencias

La hipertensión arterial es una enfermedad muchas veces asintomática, poco diagnosticada y muchas veces no controlada suficientemente. Sin embargo, las consecuencias sobre la salud son muy graves, llegando a producir una afectación orgánica que deriva en una limitación física importante para muchas personas, generando un gran gasto social. Un 20-30% de la población adulta tiene hipertensión arterial y en personas de más de 60 años la hipertensión puede llegar a estar presente en un 40-50% de la población. Las consecuencias de la hipertensión pueden ser muy variadas, teniendo en cuenta que todos los órganos reciben vascularización arterial. Estas consecuencias son mayores cuando coexisten otros procesos como alteraciones metabólicas (hipercolesterolemia, diabetes, etc...)..

¿Qué es la tensión arterial?

La tensión arterial es la presión de la sangre que circula por las arterias. El corazón bombea la sangre hacia la aorta por donde se distribuye hacia arterias troncales que se dirigen a determinados territorios (cabeza, brazos, piernas, abdomen), dividiéndose en sucesivas ramas arteriales. Esas ramas arteriales se distribuyen hacia los principales órganos donde a su vez se siguen dividiendo dando lugar a arterias de menor calibre que finalmente originan unos vasos muy pequeños, con una pared muy fina donde se realiza el intercambio de oxígeno y sustancias nutritivas con los tejidos, extrayendo a la vez anhídrido carbónico y sustancias "basura". Habitualmente existen esas ramas arteriales troncales que a su vez se dividen en otras para ir a perfundir diversos tejidos u órganos relacionados funcionalmente y anatómicamente. Sin embargo, existen excepciones como sucede con el riñón donde las arterias renales nacen directamente de la aorta.

Para que la sangre avance a lo largo del sistema vascular, es preciso que exista cierta presión. Esa presión es generada por el corazón, gracias a la fuerza del latido que empuja la sangre hacia la aorta. Por otro lado, esa presión se mantiene por la elasticidad de la aorta y de las arterias principales, que absorbe la fuerza generada por ese latido trasmitiéndola por todo el territorio arterial. De hecho se ha comprobado como se genera una onda que recorre todo el sistema arterial y que es observada cuando se comprueba la frecuencia cardíaca  tomando el pulso. Junto a esa presión generada desde el corazón, también influye de forma importante la resistencia al avance de la sangre dependiente del diámetro de los vasos (que disminuye progresivamente).

Como consecuencia de todos estos factores (fuerza del corazón, elasticidad de la aorta y arterias principales, resistencia de los vasos pequeños) y por supuesto al volumen de sangre (fase líquida) contenida dentro del sistema vascular, se genera esa presión arterial con un valor máximo o tensión arterial sistólica y un valor mínimo o tensión arterial diastólica.

- Toma de tensión arterial

Requiere la medición de la tensión arterial en posición de sentado y en un ambiente tranquilo, nunca después de un esfuerzo o actividad física. La temperatura ambiental debe ser adecuada, alrededor de 20 a 21 ºC.  Se recomienda así mismo no haber ingerido los 30 a 45 minutos previos, tabaco, café o alcohol. Debe colocarse el manguito de la tensión en el brazo, debiendo ajustar perfectamente, y estar situado a nivel del corazón. El esfingomanómetro aplica una presión sobre el brazo hasta que impide la circulación de la sangre por las arterias. Auscultando sobre la flexura del codo, el esfingomanómetro comienza a deshincharse reduciendo la presión que ejerce sobre el brazo, hasta que llega un momento que se reinstaura el flujo arterial escuchándose de nuevo el latido indicando la tensión arterial sistólica. La presión del esfingomanómetro sigue descendiendo hasta que desaparece cualquier presión sobre las arterias, disminuyendo la intensidad del latido escuchado, es entonces cuando se determina la cifra de la tensión arterial diastólica. Es recomendable realizar tres mediciones y extraer la media de las tres antes de diagnosticar una hipertensión arterial.

- ¿Dónde tomar la tensión arterial?

Es recomendable registrar la tensión arterial siguiendo las recomendaciones concretadas anteriormente. Se puede recurrir al registro empleando dispositivos automáticos. Sin embargo, éstos deben estar convenientemente homologados y en buen estado. Por supuesto es importante registrar la tensión arterial guardando antes cierto reposo y en la posición adecuada (brazo situado a la altura del corazón.

- ¿En qué momento del día se debe registrar la tensión arterial?

Puede ser recomendable registrarla varias veces al día, pero se recomienda habitualmente que se haga esa toma a primera hora de la mañana o cuando suceda algún evento o síntoma clínico que tenga relación con ese problema. Las personas que están en tratamiento por hipertensión arterial, se suelen tomar la tensión antes de ingerir la medicación como una forma de averiguar si ésta les protege durante todo el día.

- Cuándo se habla de hipertensión arterial

Existe una hipertensión arterial cuando los valores objetivados en una persona están por encima de los límites normales. Esos límites no son iguales para todos, varían dependiendo de la edad, sexo y raza. Por otro lado puede distinguirse entre unos valores de tensión arterial normales y otros "recomendables", debido a la existencia de circunstancias personales (por condiciones orgánicas o enfermedades ya existentes) que sugieren mantener unas cifras de tensión arterial más bajas o altas de las consideradas normales.

- Las cifras normales de tensión arterial

Se considera una tensión arterial normal  cuando la sistólica se sitúa entre 120 y 140 mmHg y la diastólica entre 80 y 90 mmHg Se recomienda habitualmente mantener una cifra de tensión arterial alrededor de 120/80 mmHg, sobre todo cuando es necesario un control estricto debido a la existencia de otras enfermedades o anomalías que aumentan el riesgo de padecer un problema cardiovascular. Esos limites cambian con la edad y el sexo, en personas por encima de los sesenta años puede considerarse "tolerable" una tensión arterial sistólica hasta 160 mmHg pero en los jóvenes por debajo de los veinte años se recomienda una cifra alrededor de 100 a 110 mmHg. Las mujeres suelen tener unas cifras de tensión arterial sistólica y diastólica algo más bajas (con una diferencia de unos 5 a 10 mmHg).

- El ritmo circadiano de la tensión arterial

La tensión arterial no se mantiene constante durante todo el día, alcanza su valor más bajo hacia la madrugada, subiendo considerablemente a primera hora de la mañana.. Existen personas que no mantienen ese ritmo circadiano, habitualmente hipertensas de peor control o pronóstico. La presencia o no de ese ritmo sólo puede objetivarse mediante el registro continuo de la tensión arterial.

- Clasificación

Los valores de normalidad tensional han ido variando en los últimos años hacia cifras más bajas. En este momento y para adultos mayores de 18 años, se consideran cuatro niveles de tensión arterial: TA optima (< 120/80), TA normal (< 130/85), TA normal-elevada (130-139/85-89) e Hipertensión (> 140/90). Hay que tener en cuenta que la TA sigue un ritmo circadiano con dos periodos mas elevados (de 09:00 a 12:00 y de 19:00 a 21:00) y dos periodos más bajos (de 15:00 a 17:00 y de 02:00 a 04:00).

La clasificación de la hipertensión arterial  es la siguiente, en adultos:

 

Sistólica (mmH)

Diastólica (mmHg)

Estadio I

140-159

90-99

Estadio II

160-179

100-109

Estadio III

180-209

110-119

Estadio IV

>210

>120

- ¿Cuáles son las causas y mecanismos que originan hipertensión arterial?

Mecanismos implicados en la hipertensión arterial:

Analizando cómo se mantiene la tensión arterial, pueden concretarse diversos mecanismos implicados en la hipertensión arterial:

  • Aumento de la fuerza del latido cardíaco.
  • Escasa elasticidad de las arterias.
  • Aumentos de la resistencia al avance de la sangre.
  • Incremento en el volumen de líquido contenido en el sistema vascular.

¿Se hereda la hipertensión arterial?

La hipertensión arterial no es una enfermedad hereditaria típica en cuanto a transmisión de padres a hijos. Su génesis es multifactorial, aunque se hereda una mayor predisposición a padecerla, que unida a diversos factores medioambientales puede desencadenar finalmente su aparición.

- Clasificación

- Hipertensión arterial esencial

Es el tipo de hipertensión arterial más frecuente, alrededor del 90 al 95%. Se denomina hipertensión arterial esencial a aquella hipertensión cuya causa se desconoce. Ahora bien, una hipertensión arterial esencial suele tener un debut por encima de los 50 años y existen habitualmente antecedentes familiares de hipertensión.

 Por decirlo de alguna forma, la tensión arterial sería como un embalse en el que confluyen diversos ríos. El nivel del embalse puede subir hasta límites peligrosos debido a la llegada de mucho agua por uno o varios afluentes. Entre estos afluentes destaca la predisposición genética, o una facilidad heredada para desarrollar hipertensión arterial cuando existen antecedentes en la familia (sobre todo parientes muy cercanos), el estilo de vida (estrés), la dieta (rica en sal o en grasas), la falta de ejercicio físico (sedentarismo), las alteraciones metabólicas (principalmente en relación con los lípidos) y el peso (obesidad). Estos factores pueden actuar conjuntamente o por separado.

- Hipertensión arterial secundaria

Es aquella hipertensión de la que se conoce la causa que la provoca. Dicha causa puede ser muy variada siendo la más frecuente la vasculorrenal es decir, la producida como consecuencia de una falta de flujo a nivel de uno o los dos riñones, por arteriosclerosis o por una malformación vascular, que desencadena una hipertensión arterial en respuesta a la señal de mala perfusión que recibe el riñón afecto.

Otras causas son la existencia de una coartación de aorta, una enfermedad renal parenquimatosa, endocrinopatías, etc...

Finalmente existen medicaciones y sustancias que también producen hipertensión arterial sobre todo cuando actúan potenciando algunos de los mecanismos implicados en su aparición (como sucede con los esteroides)

La hipertensión arterial (HTA) es una de las enfermedades crónicas silentes más peligrosas: en general no da síntomas, aunque esté produciendo daños irreversibles a nivel de las paredes arteriales, del corazón, del cerebro o de los riñones.

Lo grave es que si el paciente no tiene el hábito de hacerse controlar la presión arterial periódicamente, puede enterarse de que es hipertenso demasiado tarde, cuando sufra un infarto de miocardio, un accidente cerebrovascular capaz de ocasionarle una severa discapacidad de por vida como es la parálisis de la mitad de su cuerpo (hemiplejía) o un deterioro de la función renal tal que haga depender su sobrevida de un tratamiento de diálisis o un trasplante.
 
- ¿Cuándo comienza la HTA?
 
Si bien la presión se considera normal cuando el valor de la sistólica o máxima es de 120 mmHg y el de la diastólica o mínima, 80 mmHg, lo cierto es que cuando esas cifras comienzan a elevarse aún sin llegar a ser muy altas, el riesgo de complicaciones es grande.

Uno de los principales interrogantes de la actualidad es cuál es el máximo valor de presión arterial que no representa riesgo para los pacientes, y nuevos estudios arrojan luz sobre este complejo tema, ya que el nivel de riesgo de cada paciente es condicionado también por otros factores, como enfermedades metabólicas o renales que padezca o por hábitos adquiridos como por ejemplo el tabaquismo.
 
- No solo es cosa de hombres
 
Con las enfermedades cardiovasculares, sin embargo, persiste el prejuicio de que son “cosa de hombres”, lo cual para las mujeres tiene un severo costo adicional: cuidan su presión arterial, por ejemplo, menos que los varones, y menos también que su propia salud ginecológica.

No parece haber motivos fundados para ello: por factores que se están comenzando a develar, el riesgo de sufrir HTA aumenta en las mujeres, especialmente, a partir de la menopausia.                                           

- Tratamiento

Actualmente existe un consenso mundial según el cual el umbral general para el inicio del tratamiento antihipertensivo es la cifra de 140/90 mmHg, pero esos valores cambian de acuerdo a la evaluación del riesgo en cada paciente, tema que debatirán los especialistas. En los pacientes diabéticos, por ejemplo, se inicia el tratamiento con 130/80 mmHg, y en los pacientes con insuficiencia renal y proteinuria las cifras de inicio son aún más bajas. Lo más importante del tratamiento es mantener esas cifras bajas (inferiores a 130/80 ) a lo largo del tiempo para reducir de esa manera la morbilidad y la mortalidad generadas por la hipertensión.

Una vez evaluado el riesgo puede no ser necesario iniciar tratamiento con fármacos en las primeras consultas, y sí recomendar cambios en el estilo de vida.

Tanto para los profesionales médicos como para la población general, las recomendaciones tienden, en resumen, a minimizar o reducir el riesgo cardiovascular generado por la hipertensión, sugiriendo para ello adoptar hábitos de vida saludables, enfatizando que el buen control de la presión arterial se logra cuando las cifras se normalizan y se mantienen bajas toda la vida.

Una vez alcanzado el menor nivel de presión posible, la meta es lograr la adherencia del paciente al tratamiento, que le permitirá una vida prolongada y sin discapacidades.

- Situación en Argentina 2013

 

Las cifras en la Argentina son alarmantes. En el país hay entre 8 y 10 millones de personas con 140-90 mmHg o más de presión. Pero muchos lo ignoran y quedan expuestos a sus complicaciones, como insuficiencia renal, enfermedad vascular periférica, ceguera y deterioro cognitivo, porque la hipertensión daña la irrigación cerebral. Además, el 62% de los accidentes cerebrovasculares (ACV) y el 49% de las enfermedades coronarias son por esta causa, según precisan desde la sede local de la Federación Interamericana del Corazón (FIC Argentina).

Alrededor de la mitad de los hipertensos de nuestro país no tiene el diagnóstico y permanece sin ningún tipo de control y tratamiento, lo que es gravísimo, porque son entre 4 y 5 millones de personas que, siendo hipertensas, no lo saben. Esto explica por qué es tan alta la mortalidad por enfermedades no transmisibles.

Un estudio que se da a conocer hoy del Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria (IECS) revela que el 42% de los argentinos de entre 35 y 75 años es hipertenso y que el 40% lo ignora.

 

Según una proyección realizada por el Ministerio de Salud de la Nación, sólo con disminuir 3 gramos de la ingesta diaria de sodio, se evitarían 13.000 casos de ACV y 14.000 infartos al año.

 

El 34% de la población mayor de 18 años es hipertensa, una tendencia que se reitera a nivel mundial donde 1 de cada 3 personas tiene una presión arterial que supera el límite de 140/90.

 

La Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial (SAHA) afirma que el 10% de los jóvenes de entre 20 y 30 tiene presión alta. La hipertensión y la obesidad son las dos epidemias que más afectan a la población. Aquí, el 80% de las causas de muerte son las enfermedades crónicas no transmisibles y dos terceras partes son enfermedades cardiovasculares. En el 90% de los casos, la hipertensión está entre las causas.

 

Para construir la Argentina saludable del futuro debemos empezar a cambiar los hábitos hoy. Tenemos que reducir el consumo de sodio, que en nuestro país alcanza los 11,2 gramos diarios por persona, más del doble de lo recomendado por la OMS, que es de 5 gramos y disminuir los factores de riesgo como el tabaquismo, el consumo de alcohol y el sedentarismo.

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La presión arterial alta también es cosa de chicos.

 


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