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Los conflictos de las parejas actuales.
21/10/2006


Actualmente, la sociedad exige que las parejas funcionen de manera “casi perfecta”.

El divorcio o la separación son cada vez más comunes.

El ideal de familia estable y duradera es muy difícil lograrla.

Las parejas deben responder hoy a muchos requerimientos emocionales que antes no existían.

Las discusiones suelen empezar como tranquilas conversaciones y luego escalan irremediablemente.

Existen escenarios en los cuales se desatan los conflictos, que para ellos están más vinculados a la relación de pareja que a los contenidos explícitos por los cuales se discute.

- La intimidad
Los problemas aparecen cuando, en la relación, no se origina un ambiente en el que ambos se sientan seguros para expresar sus sentimientos y temores. Una pareja funciona cuando tiene la posibilidad de mantener un contacto emocional con el otro. Esa comunicación no tiene que ver necesariamente con hablar, sino que con entender las claves no verbales del otro.

Las parejas pueden tener una posibilidad de intimar sin dialogar.

- Diferenciarse de la familia de origen
Deben ser capaces de entregar seguridad, de compartir, sobre todo en la sexualidad al otro. La falta de diferenciación con el grupo familiar originario suele aparecer en los primeros años del matrimonio generando conflictos como, por ejemplo, la elección de un determinado producto para lavar o una marca de comida enlatada hasta la elección del nombre de un hijo.

- El poder y el control
Con esto se refiere a la necesidad de distribuir las obligaciones domésticas en base a límites flexibles, que permitan a todos formar parte desde las tareas del hogar hasta la manutención.

Las parejas actuales suelen caer el lo que se conoce como “rigidez del vínculo”. En esos casos se pierde la equidad de la relación y comienzan los resentimientos.

Eso sucede cuando cada uno tiene un rol rígido:

- uno es siempre el que decide, el otro el que acata.

- uno es el que cuida y el otro el cuidado.

- uno toma el liderazgo de la relación y el otro la sigue.

La persona pasiva en esta relación puede terminar deprimida o con baja autoestima, porque no se siente valorada.

- El apego
Es la necesidad de que el otro esté presente en los momentos en que lo requerimos. Así, cada vez que esto no sucede, se produce un daño.

En la capacidad para establecer el apego influyen las vivencias que las personas tuvieron de pequeñas, sobre todo el vínculo madre e hijo.

Los conflictos surgen cuando hay apegos que no encajan como, por ejemplo, cuando una persona que para poder calmarse necesita estar sola, porque de chica no tuvo quien la calmara y aprendió a aislarse, se empareja con una que necesita mucho del otro. Si surge una discusión, uno se va a cerrar y el otro buscará desesperadamente que lo abracen o seguirá discutiendo hasta que se pase el enojo. Ahí es cuando aparece el conflicto.

- La nueva etapa
En este caso, los problemas aparecen cuando uno de los miembros desea pasar a la siguiente etapa de la relación.

- La de amor más estable, superando el enamoramiento inicial.

- Luego del nacimiento del primer hijo. El hombre muchas veces siente que su mujer perdió el deseo por él, sin darse cuenta de que se encuentran en otro momento de la relación.

Se cree que es durante esta etapa cuando se producen más infidelidades.

- Las dudas que a veces surgen acerca del vínculo que une a la pareja pueden ser:

¿Qué hace que quieras estar en la pareja?

¿Qué hace que te quieras ir?

¿Cuáles son los recursos de la pareja?

¿Cuáles son los conflictos que los distancian?


POSIBLES SOLUCIONES
- El ambiente
El ambiente debe ayudar a la comunicación y tiene una relación directa con cómo vemos las situaciones.

Un ambiente hostil dificultará enormemente cualquier intento de discutir las cosas relajadamente. Por lo tanto, en cuanto tengamos la oportunidad, debemos intentar modificar el ambiente en que nos encontramos para hacerlo lo más propicio posible a una conversación madura y seria, sin intentos de pelea sino de solución de conflictos.

Para hacer esto, debemos esperar a tener un momento en que podamos estar tranquilos. Probablemente el momento más útil sea cuando nos hayamos separado por unos minutos para calmarnos, relajarnos y poder enfrentar mejor la conversación.

Aprovechando la oportunidad que tengamos, podemos poner algunas velas, bajar las luces, tal vez poner música suave, de algo que a su pareja le guste especialmente.

- El diálogo
En un ambiente tan romántico y relajado como sea posible, invitemos a nuestra pareja a volver junto a nosotros y discutir tranquilamente el conflicto. Sin lugar a dudas lo apreciará, y las defensas que se hayan creado por la hostilidad de la situación se debilitarán, permitiendo el avance hacia una solución pacifica.

Cuando tu pareja empieza a alzar la voz (ya sea al comienzo de la discusión, o luego de que han llegado a un momento de paz y el fuego empieza a encenderse nuevamente), es un excelente momento para establecer contacto físico. Tocarla suavemente en el hombro, darle la mano, acariciarle el pelo o cualquier acción por el estilo, que sea una muestra de cariño, puede ayudar a marcar claramente que esto es solo un desacuerdo, no el final de nada, que aún hay amor, y que estamos allí para solucionar el conflicto. Que estamos escuchando y nos interesa lo que pasa.

En fin, un recordatorio de que nos preocupamos y que no somos el enemigo.

En la medida en que la pareja logra compartir la posibilidad de ejercer el poder y el control, las posibilidades de conflictos son mucho menores

- Lo más difícil
Los seres humanos parecen tener grandes problemas para decir “Perdón” y “Lo siento”. Estas son, probablemente las expresiones más difíciles de cualquier lenguaje. Y esto pasa aún cuando la persona a la que se lo tenemos que decir es la persona que más amamos y con la cual más cómodos nos sentimos.

Pero es necesario que aprendamos a decir “Perdón”. Y no solo diciéndolo, sino sintiéndolo. Nadie ha muerto por decirlo, aunque por lo difícil que a alguna gente le parece, uno pensaría que sí. Irremediablemente, cuando uno ha errado el camino y actuado incorrectamente, en algún momento tendremos que decir cuánto lo sentimos. Es un momento duro, pero el único que puede realmente recomponer la situación.

La idea social establecida es que los hombres son los que no pueden decir “Lo siento”, pero en realidad las mujeres entran tanto en pánico como ellos cuando tienen que decirlo.
No es fácil bajar las defensas y mostrarnos como somos, admitir que nos equivocamos y que queremos solucionarlo.
No es fácil admitir que estamos arrepentidos de haber actuado como lo hicimos. Aún más, si no nos cuesta decirlo, es probablemente porque no lo sentimos realmente. Esto no se relaciona con el género.


Dr. Sergio Zimmer - Médico – Periodista y Docente Universitario.
Conductor de “Proyecto Salud”.-
Columnista de Agencia Comunas - Publicado el 20 de Octubre de 2006.
www.agenciacomunas.com.ar


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dark_onix@
06/05/2011 15:54:35
 
Comentario a moderar
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